Tranquilo andar bordeante al camino
de pensamiento y atención es digno
ese caminar no le ofrece problema
y de su mañana no cuestiona exigencia.
Es que en sus manos no está la sangre
ni en su espalda vida que arranque
porque no alza ningún cuchillo
y ya no es él un desentendido.
No se calma el corazón de clamar
y no se hastían sus piernas de andar
su voz no cesa del constante gritar
las ideas no paran más de crear.
Empapa la vida de amor inocente
e intenta llamar al inconsciente
disuelve su ser como en agua el azúcar
para endulzar lo que en otros angustia.
Y llora a veces ante el festín
de abuso y maltrato que ve frente a sí
aprieta los dientes y un paso da
nunca en injusticia se ha de enfangar.
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